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Programa BioLand Siembra

Plantando Conciencia

Basado en la firme convicción de la necesidad del planeta de que le devolvamos la vida que le hemos arrebatado, surge el programa BioLand Siembra.

 

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Los 4 pasos de BioLand Siembra por un aire más limpio

  • 1

    Buscamos y analizamos lugares con muchas emisiones de CO2 en la ciudad y no suficientes árboles

  • 2

    Rescatamos o compramos árboles autóctonos para la zona

  • 3

    Los plantamos y les damos mantenimiento por al menos siete años

  • 4

    Al final removemos las canastas de protección cuando los árboles ya no las necesitan

Conozca más sobre BioLand Siembra

Este programa inaugura nuestro siglo, operando desde el año 2001.

La división recibe los fondos necesarios directamente de la organización, condicionados al cumplimiento de una serie de reglamentos ambientales muy específicos y a un alto compromiso de su equipo humano.

Es así como cada árbol es sembrado, cuidado y seguido por muchos años, con el fin de asegurarnos que este objetivo se cumpla.

En la actualidad, desafortunadamente, la reforestación en muchos casos se ha convertido en un mecanismo publicitario más y muchas veces se siembran miles de árboles, que luego quedan abandonados a su suerte, razón por la cual terminan muriéndose de sed o ahogados por plagas y malezas, no llegando a sobrevivir y prosperar. 

Por nuestra parte, el encierro protector colocado en cada árbol, funciona como una garantía de compromiso asegurando la continuidad en el cuidado de cada ejemplar sembrado, certificando que el mismo jamás será abandonado, mientras se convierte en un árbol sano y robusto, listo para convertirse en patrimonio de la ciudad y sus habitantes, momento en el cual estos protectores son retirados.

En acción

La principal labor de BioLand Siembra, radica en el compromiso de un mantenimiento continuo de cada árbol, por un período no menor a siete años. Este mantenimiento consiste en recorridos constantes, deshierbes mecánicos (con la absoluta prohibición del empleo de herbicidas), limpieza de basuras, cura de plagas por métodos orgánicos, reposición de ejemplares dañados y riego (cada tres días) de los árboles más jóvenes, durante la época seca.

Paralelamente a esto, el programa incluye labores de defensa, complicados rescates y traslado de árboles maduros ya existentes, que se encuentran bajo la amenaza de ser talados por el avance urbano, o bien, de ser dañados por diversas causas.     

Todas las mañanas, a temprana hora, camiones acondicionados especialmente para esta labor, transportan a nuestra vocacional cuadrilla, lista para realizar su valiosa y gratificante labor ambiental diaria.

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Educación Ambiental Ciudadana 

Con gran beneplácito hemos sido testigos a lo largo de estos últimos años, de cómo el árbol ha cobrado para nuestros ciudadanos una nueva importancia, poco atendida hasta entonces; pues el desarrollo urbanístico era la prioridad en la mente de las generaciones anteriores, suponiendo todo esbozo de arborización, un regreso al campo o al subdesarrollo. Mientras mayor era la densificación habitacional, mayor era también la desertificación de las ciudades. Nuestros habitantes actuales, en cambio, están experimentando una positiva transformación, mostrando cada vez más, una voluntad de acción dirigida a mejorar el medio en que viven y se han dado cuenta de la dimensión de los aportes positivos e imprescindibles, de estos “vecinos verdes”.  Es así como recibimos constantes solicitudes de personas interesadas en contar con árboles en sus casas y vecindarios; además de que somos testigos del cuidado y cariño que hoy se les prodiga.

Lo anterior no es sorprendente, si además de enumerar  los incontables beneficios psicológicos, sociales y ecológicos que aportan los árboles, señalamos que  hoy por hoy, una zona urbanizada con grandes masas verdes, tiene un alto valor agregado y son éstos los elementos urbanísticos que más incrementan su valoración con el paso del tiempo.

El Árbol:  Aliado Urbano

Los árboles añosos, sanos y robustos, son insustituibles y parte del legado generacional.  Son los bienes urbanos que a medida que envejecen, se convierten en recursos invaluables de difícil, sino imposible, reposición. Bien preservados, estos árboles harán que nuestras ciudades sean más atractivas y valoradas.

Aunque lo primero que notemos en el árbol sea su balanceada belleza estética, éste es mucho más que un simple elemento decorativo; en él encontramos un aliado insustituible para vivir cada día en nuestras asfaltadas ciudades ruidosas, construidas sin mayor planificación y sin tomar en cuenta, mayores espacios verdes para el recreo.  Los pocos espacios privados arbolados, usualmente son el privilegio de una pequeña parte de la población, que económicamente puede acceder a ellos.  La mayoría de los barrios, en cambio, suelen ser proyectados con calles cada vez más angostas, aprovechando hasta el último metro de espacio habitacional y olvidando la vital importancia de la arborización.   

A través de nuestro ambicioso programa de siembra urbana, intentamos cambiar algunas de las falencias de nuestro entorno inmediato, mejorando el paisaje y los espacios públicos, mientras generamos una valiosa herencia para los futuros habitantes de nuestras ciudades.

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Estética en la Ciudad

Desde el punto de vista de la estética urbana, el árbol es sin duda el elemento más valioso.  Su majestuosa presencia, la belleza de su follaje y su floración, permiten esconder aquellos elementos hostiles a la vista que afean nuestro entorno, como cableados, alambres de seguridad, rótulos comerciales, techos oxidados, etc.  

La arborización urbana, también compensa el caos visual que produce el tránsito vehicular, recipientes para residuos, postes y tirantes de acero.

El follaje de los árboles, nos envuelve en un escenario de solaz y tranquilidad, e incluso nos hace rememorar divertidos años de la niñez y juventud, pasados a su sombra.  

El arbolado urbano se vuelve parte de nuestra vida, enriqueciéndola y colmándola de bellas imágenes. Nada más agradable que caminar junto a nuestros seres queridos, amigos y mascotas, por una acera o un parque colmados de árboles.

El Árbol en Nuestra Psicología

Son múltiples los estudios que afirman que la visión de los árboles proporciona a las personas sensaciones de bienestar, ayudando a eliminar la tensión nerviosa o emocional y contribuyendo al equilibrio psicológico. Plantados en hilera o en el borde de las carreteras, ayudan a sentirse mejor al caminante y mejoran la atención del conductor.

Investigaciones realizadas por variadas universidades en el mundo, confirman que las personas que trabajan en un entorno laboral en donde pueden mirar o estar rodeados por árboles, mejoran su productividad, creatividad y sensación de felicidad con su trabajo. Igual efecto se obtiene con los estudiantes, quienes incrementan su atención y concentración en las clases.

De acuerdo con análisis que se centraron en el entorno hospitalario, los pacientes que tienen la posibilidad de mirar árboles desde la ventana de su cama, suelen pasar menos tiempo en el hospital que aquellos sin vistas.

Varios estudios indican que los árboles pueden ayudar a combatir el crimen, pues mejoran la convivencia y, de este modo, el comportamiento violento de forma indirecta. Algunas investigaciones estadounidenses concluyen que los paisajes urbanos verdes ayudan a controlar tanto la sensación de miedo como de violencia y, curiosamente, encuentran que los barrios con más zonas verdes tienen menores tasas de delincuencia.

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Mejoramiento de la Ecología Urbana

Los árboles son el cimiento y matriz de la existencia de millones de seres vivos en la tierra, por eso creemos en que debemos restituirlos al planeta, colocándolos y cuidándolos, en cada rincón que nos sea posible sembrarlos, especialmente en donde los hemos arrebatado indiscriminadamente para construir nuestras urbes.  Ellos son una de las mayores contribuciones que podemos hacer, para la mejora del ecosistema urbano, pues se constituyen en el hogar de cientos de seres vivientes de la ciudad: mariposas, gran variedad de aves nativas y migratorias, pequeños mamíferos e insectos que juegan un rol vital, para la cadena alimenticia de todas estas especies, las cuales encuentran albergue, alimento y protección en sus ramas.

La reducción del tóxico monóxido de carbono (fruto de la polución urbana), así como la generación de oxígeno, que contribuye a combatir el cambio climático, es la tarea natural de nuestros árboles. Sin ellos, nuestra atmósfera se deteriora día con día y como consecuencia de ello, se ve afectada nuestra salud y calidad de vida, las cuales declinan indefectiblemente.  Científicamente hablando, los árboles disminuyen los contaminantes gaseosos del aire por medio de la captación de éstos, a través de los estomas de sus hojas. Asimismo, juegan un papel preponderante en la reducción de pequeñas partículas de materiales que están en suspensión en la atmósfera, las cuales son retenidas en la superficie de la planta, hasta que son lavadas por la acción de la lluvia y arrastradas al suelo. De esta forma, constituyen una forma eficaz de retención para muchos contaminantes atmosféricos como arena, polvo, ceniza, polen y humo, mejorando la calidad del aire que respiramos a diario.

Para hacernos una idea de su capacidad limpiadora, unos pocos árboles pueden absorber en un día, los contaminantes emitidos por centenares de vehículos.

Los árboles son eficientes captadores de agua y humedad, las cuales envían y sostienen bajo la tierra, y de ellas se alimentan los mantos acuíferos subterráneos. Por otro lado, el simple hecho de estar plantados es una ventaja a la hora de drenar las aguas, durante nuestra copiosa temporada lluviosa, pues reducen la erosión del suelo, funcionando como estructuras de retención /detención, las cuales son esenciales para evitar inundaciones. De este modo, ahorramos en sistemas de drenaje y se hace más eficiente el alcantarillado de las ciudades.

Asimismo, los árboles urbanos constituyen una barrera natural. Con su masa vegetal, amortiguan y absorben los ruidos de calles y carreteras, brindando una mayor tranquilidad y mejorando nuestro estado de ánimo, así como la calidad de nuestro descanso. Distintas pruebas en terreno, han demostrado que las plantaciones de árboles y arbustos, pueden reducir de manera significativa los sonidos externos. Las hojas y ramas reducen el ruido, dispersándolo, mientras el suelo lo absorbe. A lo anterior se agrega que el dinamismo del movimiento y del sonido producido por las ramas y las hojas de los árboles mecidos por el viento, enriquecen notablemente la calidad ambiental del lugar.

Por su lado, la ausencia de árboles ocasiona cambios climáticos indeseados, los que tienden a incrementar los extremos y disminuir los promedios. Esto genera calores más agobiantes, fríos más intensos, sequías o lluvias descontroladas.

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El fenómeno por el cual las ciudades son más cálidas que el campo circundante, se conoce como “isla de calor” urbano y se basa tanto en la liberación de calor por fachadas y pavimentos, como por las originadas a raíz de la actividad humana, al emitir gases a la atmósfera; de esta manera el aire caliente y contaminado, queda retenido sobre la ciudad.  La presencia de árboles es un aspecto crítico para bajar la temperatura, pues ellos brindan sombra a edificios, asfaltado y concreto.  A través de la propia evaporación de los suelos con vegetación, se ofrece un alivio térmico, ayudando a reducir el efecto invernadero y regulando la humedad relativa del aire.  Actualmente existen numerosos estudios, donde se investiga el efecto moderador que posee el arbolado urbano sobre la temperatura y la humedad, realizándose comparaciones de registros obtenidos en calles con arbolado y sin él.  Con respecto a las temperaturas del verano, numerosas investigaciones indican que disminuyen la intensidad del calentamiento de manera significativa, llegando en algunos casos a 4°C de diferencia y hasta un 11% en la humedad, en ciudades intensamente arborizadas. También se sabe que en lugares que enfrentan inviernos muy fríos, la vegetación influye directamente sobre la temperatura de la ciudad, amortiguando los rigores del invierno, ya que el dosel forestal actúa como cobija, haciendo que la temperatura no varíe tanto como en lugares abiertos.

Los árboles además, proporcionan ahorro energético, pues  al ser plantados de forma estratégica alrededor de edificios, comercios y viviendas, reducen las necesidades de climatización durante todo el año, esto por cuanto regulan la radiación solar, ayudando al mejoramiento del clima a través de la evapotranspiración, por lo cual han sido llamados acondicionadores naturales del aire. Un solo árbol bien desarrollado, puede llegar transpirar miles de litros de agua al día.

El movimiento del aire, también afecta el confort humano. Los árboles reducen la velocidad del viento y suelen crear áreas protegidas. Su correcta ubicación posee la capacidad de eliminar corrientes de aire alrededor de las esquinas o la entrada de los edificios.

Se sabe que el follaje minimiza o disipa la energía de la lluvia, constituyéndose en una especie de “cortina”, que evita una incidencia directa demasiado fuerte de la lluvia, contra las estructuras edificadas o bien, las personas.

Es así como los majestuosos y hermosos árboles, son imprescindibles en la vida del hombre y mejoran la vida de todos los seres vivientes.

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Abrazo Urbano

El árbol de nuestras calles, aún joven, viene a ser como el espejo en el que se refleja nuestra condición humana. Sus manchas, sus heridas, hablan de nuestro civismo, de nuestra solidaridad, del grado de respeto hacia los seres vivos y nos recuerda lo mucho que nos queda por hacer.  Julián Marías (Dr. en Filosofía Univ. de Madrid 1914-2005).

La arborización identifica al lugar, desarrollando la identidad local y aumentando la autoestima de sus comunidades; es por ello que tantas ciudades alrededor el mundo, llevan el nombre de sus especies autóctonas. El árbol, a través de la historia del ser humano, ha sido indicador de grandes eventos históricos y ha estado siempre presente en las expresiones artísticas del ser humano, pues son evocadores de otros tiempos, lugares y sentimientos.  Su presencia, su esencia, su color y su olor son tangibles en el acervo cultural de los ciudadanos, a través de su historia. Es por ello que nos hemos ocupado de rotular todas las especies y además, de sembrar variedades que evoquen el nombre de los barrios, con el fin de que el ciudadano y especialmente la juventud, experimenten un saludable reencuentro y reconocimiento de su ámbito.

Encontrarnos con estos bellos ejemplares en nuestro camino diario hacia nuestras actividades, nos une de algún modo con nuestras auténticas raíces y nuestro amor original por la vida en el planeta, hasta llegar a entender que estos árboles estaban ahí, en ese mismo sitio, millones de años antes de que el ser humano diera sus primeros pasos sobre la tierra. 

La rotulación con frases y nombres en los protectores de los arbolitos sembrados, resalta sus funciones e importancia.  Además, la integración de niños a la labor de sembrar y cuidar, representa un beneficio educativo adicional para el bien de las futuras generaciones.  Crecer junto a árboles, educa la conciencia hacia el respeto y la admiración por la naturaleza.

Invitamos al público a abrazar nuestros árboles:  Está comprobado que hacerlo, mejorará notablemente nuestra sensibilidad, la percepción de la importancia de nuestros actos como ciudadanos y mejorará nuestra relación afectuosa con la familia, amigos y vecinos, pues el árbol refleja la humildad de un ser que vive para servir, para prodigarse en frutos y flores, y para estar siempre presente, en el devenir de los tiempos.  Sus vibraciones son de fortaleza, pero a la vez de delicadeza; su tronco es férreo y fuerte, pero es capaz de albergar la más frágil de las vidas, que anida en sus ramas.  Detengámonos a admirar sus colores, sus flores, sus frutos y sus hojas; sintamos su aroma y convirtámoslo en parte indispensable de nuestra vivencia ciudadana.

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